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Morir a uno mismo, o salir de debajo del poder de Dios

Escrito por: Rubén Posligua Morales MSc.

Parte 1

No se puede hacer por ninguna resistencia activa que podamos hacer por medio de los poderes de la naturaleza. La única forma verdadera de morir al ego es el camino de la paciencia, la mansedumbre y la resignación ante Dios.

Esta es la verdad y la perfección de morir a uno mismo… Porque si te pregunto lo que quiere decir el Cordero de Dios, ¿no me dirías que es la perfección de la paciencia, la mansedumbre, la humildad y la resignación ante Dios? Por lo tanto, el deseo y la fe de estas virtudes es una necesidad de Cristo, es entregarte a Él y a la perfección de la fe en Él.

Entonces, debido a que esta inclinación de tu corazón a hundirte en paciencia, mansedumbre, humildad y resignación ante Dios implica en verdad abandonar todo lo que eres y todo lo que tienes del Adán caído, es dejar de manera perfecta todo lo que tienes para seguir a Cristo; es tu mayor acto de fe en Él.

Cristo no está en ninguna otra parte sino en estas virtudes; cuando están ahí, Él está en Su propio reino. Deja que este sea el Cristo al que sigues.—El Espíritu de amor divino no puede nacer en ninguna criatura caída, hasta que quiera y decida estar muerto a todo el ego, en una resignación paciente y humilde al poder y la misericordia de Dios.

Busco toda mi salvación a través de los méritos y la mediación del Cordero de Dios manso, humilde, paciente y sufriente, quien por Sí solo tiene poder para dar luz al bendito nacimiento de estas virtudes celestiales en mi alma.

No hay posibilidad de salvación si no es en y por el nacimiento en nuestras almas del Cordero de Dios manso, humilde, paciente y resignado.

Cuando el Cordero de Dios ha dado a luz un verdadero nacimiento de Su propia mansedumbre, humildad y resignación completa ante Dios en nuestras almas, entonces es el nacimiento del Espíritu de amor en nuestras almas, el cual, cada vez que lo logramos, se deleitará con nuestras almas con tanta paz y alegría en Dios que borrarán todo recuerdo de lo que antes llamábamos paz y gozo.

Esta manera para Dios es infalible. Esta infalibilidad se basa en el doble carácter de nuestro Salvador:

1. Él es el Cordero de Dios, un principio de toda mansedumbre y humildad en el alma;

2. Él es la Luz del cielo, bendice la naturaleza eterna y la convierte en un reino del cielo (cuando estamos dispuestos a descansar en resignación mansa y humilde ante Dios, entonces Él, como la Luz de Dios y del cielo, con gozo irrumpe en nosotros, transforma nuestra oscuridad en luz y empieza en nosotros ese reino de Dios y de amor que nunca tendrá fin”

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